III Congreso de Investigación en Educación Superior
Agosto 23, 2012

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El Tercer Congreso de Investigación en Educación Superior, co-organizado con el Centro de Políticas Comparadas de Educación CPCE de la Universidad Diego Portales es respaldado por un consorcio de investigadores y universidades integrado por la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad de Tarapacá, la Universidad de Talca, la Universidad de Viña del Mar y la Universidad UCINF. El Congreso busca reunir a la comunidad de investigadores del campo de estudios de la educación superior para conocer y analizar sus trabajos más recientes y contribuir así al desarrollo académico de este campo interdisciplinario en Chile.
El Primer Congreso de Investigación en Educación Superior se realizó el año 2009 y el Segundo Congreso de Investigación en Educación Superior el año 2010.

TERCER CONGRESO DE INVESTIGACIÓN EN EDUCACIÓN SUPERIOR
PALABRAS DE BIENVENIDA – José Joaquín Brunner
SANTIAGO DE CHILE, 23 DE AGOSTO DE 2012
El Tercer Congreso de Investigación en Educación Superior es co-organizado –conjuntamente con los Centros de Investigación Avanzada en Educación de la UCH y de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación de la PUC– por un consorcio de centros e investigadores pertenecientes a las universidades Diego Portales, Católica de Chile, de Talca, Tarapacá, Viña del Mar y UCINF y cuenta, además, con el patrocinio de Universia–Banco Santander Chile, cuyo Portal congrega prácticamente a todas las instituciones de educación superior del país.
Celebramos este evento en días de turbulencias en nuestro sector. Hay movilizaciones de estudiantes en las calles; un intenso debate público cuyos ecos reverberan en los medios de comunicación; proyectos que se discuten en el Parlamento; iniciativas de Gobierno y Oposición, y enunciados de diversos grupos de la sociedad civil, incluidos investigadores y académicos.
Nuestra contribución a este momento de encrucijadas es aportar la capacidad, el compromiso y los conocimientos de la academia al análisis –“sin ira ni parcialidad”, según decían los romanos– de los problemas de nuestro sistema de educación superior y las alternativas de política pública para superarlos.
Nos complace haber recibido un número mayor de trabajos de calidad esta vez que en los dos congresos anteriores. Y de contar, entre aquellos que fueron seleccionados para su presentación, ponencias referidas a la educación terciaria en nuestro país y en perspectiva comparada.
Todos indagan sobre tópicos relevantes para el futuro de nuestros sistema, tales como: procedimientos de selección para el ingreso a las universidades, formación y evaluación de los académicos, financiamiento público, fomento del posgrado, responsabilidad social de las instituciones, procesos de aprendizaje, aseguramiento de la calidad a nivel terciario, la preparación inicial de profesores y la acreditación de programas de pedagogía.
Sorprende esta vitalidad en un campo de estudios –el de la educación superior– que ha nacido y debido desarrollarse durante los últimos 10 años sin contar con un apoyo consistente, de largo plazo, de las autoridades rectoras del sistema científico y educativo del país.
De hecho, el gasto público en investigación especializada dentro del campo de estudio de la educación superior es hoy menor que hace 10 o 20 años, medido como proporción del gasto total en este nivel. También lo es en relación al gasto público en educación superior, el que se ha multiplicado por siete veces en términos reales, mientras que la investigación en educación superior sigue siendo una actividad absolutamente marginal desde el punto de vista del financiamiento.
En suma, el Estado y la sociedad en su conjunto invierten significativamente más en educación superior que nunca antes, pero no nos hemos preocupado de financiar, de igual manera, la producción de conocimiento sobre este sector, ni gastamos en evaluar académicamente las políticas y los programas impulsados.
Es como si hubiésemos elegido invertir grades sumas de recursos a ciegas y avanzar sin indagar sobre la efectividad y eficiencia de dicho gasto. ¡En tales condiciones, claro está, no hay tampoco cómo aprender!
Es de esperar que pasadas las turbulencias del momento podamos construir, entre todos, una estrategia sustentable en el largo plazo para la investigación en el campo de la educación superior.
Muchas gracias.

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