España: el viejo Instituto Libre de Enseñanza
Noviembre 28, 2018

El centro creado por la Institución Libre de Enseñanza, cerrado por Franco, tuvo su continuidad hasta hoy en el Colegio Estudio

Fue culpa de don Antonio Cánovas y el principio acción/reacción. Con uno de sus arrebatos de testarudez empezó todo hasta desembocar en uno de los proyectos pedagógicos más fascinantes, constructivos, fragmentados y trágicos de los tres últimos siglos en España. Había promulgado su Gobierno conservador hacia 1875 en materia de educación el decreto Orovio, que debía su nombre a aquel ministro recalcitrante de instrucción pública. Eliminaba la libertad de cátedra y perseguía el adoctrinamiento pueril de los españoles con una visión de supuesta trascendencia universal, basada en las virtudes católicas del imperio.

De aquella manera comenzó una de las revoluciones más importantes en el cambio de mentalidad de la Historia de España. De aquel tronco asombrosamente fértil surgieron las más brillantes aventuras pedagógicas para el país que se avecinaba. En apenas cinco décadas se sucedieron de acuerdo con sus principios abiertos, laicos y krausistas la creación de la Junta de Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes, el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales, la Universidad Internacional de Verano de Santander -hoy Menéndez Pelayo-, las Misiones Pedagógicas… Y el Instituto Escuela, del que este año se celebra su centenario, entre otros proyectos que trascendieron a varias ciudades con focos de irradiación importantes en Barcelona y Sevilla.

Cuatro premios Nobel

Se iluminaron en sus clases y entre sus principios cuatro premios Nobel: Santiago Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Juan Ramón Jiménez y Vicente Aleixandre. Fue lugar de encuentro y caladero de creación incipiente para Federico García Lorca, Luis Buñuel, Salvador Dalí, Rafael Alberti, Pedro Salinas, como antes lo había sido para la familia Machado en Andalucía… Contaba en sus órganos directivos de sus diferentes centros con personalidades como José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Blas Cabrera, Ramón Menéndez-Pidal, Joaquín Sorolla, Joaquín Costa o Leopoldo Alas.

Pero llegó la guerra civil y si había algo que el franquismo detestaba más que la masonería o a los comunistas era a la Institución Libre de Enseñanza. Para ella y sus miembros sólo cabían dos opciones: muerte o exilio.

Sin embargo, la semilla había prendido y resultó difícil de extirpar. A lo largo de la década de los años veinte y treinta, el Instituto Escuela se erigió precisamente uno de sus órganos más activos. Comenzó su actividad en una sede cedida por la Junta de Ampliación de Estudios -germen de lo que hoy es el Consejo Superior de Investigaciones Científicas-, que inspiró su creación, en la calle Miguel Ángel. Más tarde se abrieron otros centros siempre entre la estrechez y la falta de recursos adecuados: hoy se instalan allí dos institutos públicos que beben de sus fuentes, como el Ramiro de Maeztu y el Isabel la Católica, en pleno Retiro.

Diálogo, deporte y actividades al aire libre

Los alumnos se formaban en virtud de un método alejado de las telarañas doctrinales de la Iglesia, pero muy atento a la raíz de las tradiciones más provechosas. Basado en el diálogo sin tregua y la tolerancia, los alumnos prescindían de libros de texto y construían sus propios materiales mediante apuntes y cuadernos. Fomentaban el deporte, las actividades al aire libre, los intercambios con un punto ascético muy volcado en la austeridad. El resultado marcó la diferencia. No tardó mucho en airear la sociedad con nuevas corrientes sospechosas para las mentalidades más estancadas y cerriles. Los maestros comprometidos con la República adoptaron sus métodos y aplicaron en condiciones bastante adversas su pedagogía.

La doctrina de Giner de los Ríos se convirtió en una inspiración directa para la enseñanza republicana. Por eso, la llegada del franquismo supuso la aniquilación de todo aquello con una marcada y especial represión a lo largo de la guerra, que se prolongó en los primeros años del régimen sobre los maestros de las escuelas públicas. Pero las bases resistieron y mutaron en la isla del Colegio Estudio como una alternativa privada muy discreta y casi de guerrilla frente al adoctrinamiento general del nacional catolicismo.

Jimena Menéndez Pidal y otras profesoras del Instituto Escuela como Carmen García del Diestro y Ángeles Gasset no tardaron en reaccionar al predominio religioso. Al año de finalizar la guerra, en 1940, fundan la primera sede donde se había creado la matriz del Instituto Escuela en la calle Miguel Ángel. Dentro de sus aulas, hasta hoy, se criaron alumnos con papeles clave en las décadas posteriores.

La raíz de sus métodos sigue vigente en gran parte en gran parte. Durante el franquismo y la transición se erigieron como modelo para otras aventuras pedagógicas siempre contrarias y alternativas a la preponderancia más cerrada -y en muchos casos dañina- de la educación religiosa. Además del Estudio, en el Ramiro de Maeztu o en el Isabel la Católica, quedó instalado cierto germen de distinción, que prendió en otros centros como el Montserrat o el Colegio Estilo, fundado por Josefina Aldecoa.

Fueron excepciones fundamentales para germinar en todo un movimiento educativo eminentemente laico y tolerante en aumento, aunque no haya quedado definitivamente asentado en la España actual. Sobre todos los debates que tocan la educación desde hace cuatro décadas subyacen aun irreconciliables estos dos polos. Cuando gobierna la derecha gana la influencia y no se escatiman medios o privilegios para fomentar la enseñanza religiosa. En los periodos en que se instala en el poder la izquierda, avanzan los preceptos de la Institución Libre de Enseñanza, encarnados desde 1918 por el Instituto Escuela y luego, contra todos los elementos, en el Colegio Estudio.

La difícil convergencia de ambos caminos y las constantes trabas de la Iglesia al desarrollo más abierto de su opción alternativa, han hecho todavía imposible un gran pacto por la educación. Cada vez que este se plantea según las bases más modernas y tolerantes de la ILE, aparece el boicot permanente de las sotanas y sus organizaciones dominantes, perfectamente colocadas en la estructura educacional de todo el país.

El esfuerzo de una de las fundadoras del Colegio Estudio, Jimena Menéndez Pidal, propició una calle en el término municipal de Aravaca. Allí tiene hoy su sede y es donde se ha celebrado este sábado, en una intensa jornada, la huella fundamental para las libertades en España marcada por el Instituto Escuela.

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